De
última hornada. Este proyecto surgía concebido con la voluntad
de crear una construcción que se incorporarse a la «nueva
familia de edificios en la ciudad» construcciones como la Torre Agbar
y el conjunto del Fórum que se ha ido levantando durante los últimos
años en Barcelona y redefiniendo su skyline, y que enfrentaba a
Miralles y Tagliabue con la realización de un edificio cuya característica
básica constituía un factor inédito en su arquitectura:
la verticalidad a la manera en que era demandada en este específico
caso. Vinculado efectivamente a la sinergia que ha generado la presencia
de esas nuevas edificaciones en Barcelona, en la sede de Gas Natural subyacen
una serie de rasgos de la esencialidad arquitectónica distintivamente
«mirallesca», una forma propia y personal de plantear y hacer
arquitectura, donde la acción sobre la realidad emergía a
partir de un juego de subjetividades sobre el lugar y el propio edificio
a crear.
La
estructura está integrada por una serie de tres volúmenes
distintos abstractos, asimétricos que producen una forma fragmentada
pero finalmente unitaria que encaja con las diferentes alturas de las construcciones
urbanas circundantes (compatibilizando tanto con los edificios de altura
de la Villa Olímpica como con los antiguos bloques de viviendas
de pocos pisos de la vecina Barceloneta). La superficie de los volúmenes
de las plantas inferiores va reduciéndose a medida que la estructura
asciende formando una torre, encontrándose en ese ascenso con un
volumen central cuya superficie se extiende horizontalmente. Un elemento
en forma de ménsula emerge entre esos volúmenes perpendiculares.
En el interior del edificio se distribuyen veinte plantas para oficinas,
tres plantas de estacionamiento de vehículos, un auditorio y una
sala de exposiciones. |